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Este reportaje fue publicado originalmente en el Periódico HOY el 25 de febrero de 2018

El día que mataron a Karen Colclough hubo un temblor a eso de la 1:00 de la tarde. La estadounidense en ese momento se encontraba en las costas del Pacífico nicaragüense y se asustó.Algunos vecinos la vieron correr. Esa fue la última vez que la verían.

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De su violación y muerte no hubo testigos, solo los manglares y la abundante maleza fueron testigos mudos de su cruel asesinato. Pero su cuerpo, ese que fue encontrado tres días después y que ya era devorado por aves de rapiña, se encargaría de poner tras las rejas a su asesino.

Karen Beth Colclough, tenía 37 años, y aunque ya había viajado a Centroamérica, era su primera visita a Nicaragua. Era una mujer aventurera que trabajaba como guía del Parque Nacional Yellowstone, que se encuentra en un área volcánica en Estados Unidos y que está rodeado de cañones, ríos y bosques.

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“Era una persona a la que le gustaba estar en las afueras”, dijo en juicio, Robert Kopp, quien era el jefe de la misión religiosa con la que Karen vino a Nicaragua.

Colclough pertenecía a la Iglesia Presbiteriana de Jackson Hole, Wyoming. Con la misión estuvo trabajando una semana en Tierra Nueva, una comunidad de El Tuma-La Dalia. Y luego de la ardua labor, el grupo se dirigió a vacacionar a Montelimar, antes de irse del país.

Esta es la cámara fotográfica que Fernando Aburto Reyes le robó a la misionera estadounidense Karen Beth Colclough. LAPRENSA/Archivo

Fotos a las olas del mar

La misión llegó al hotel el 10 de abril de 2014 por la noche. Al día siguiente, Karen desayunó con Robert Kopp y la esposa de este. Quedaron de verse para la cena. Ella les dijo que mientras tanto saldría a caminar.

A las 11:30 de la mañana Colclough salió con su mochila, una Biblia y su cámara digital.

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En su trayecto hacia la muerte, varios testigos la vieron pasar. Era una mujer que llamaba la atención, alta, blanca, sonriente, y tomando fotos a las olas del mar y pájaros con su cámara fotográfica Sony de color naranja.

Una de las últimas fotos que tomó Karen fue a la pequeña hija de la testigo Martha Isabel Artola. “Se sentó a leer la Biblia y tomaba fotos a las olas del mar”, narró la testigo en juicio.

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En ese momento Karen estaba a unos tres kilómetros del hotel. Llegó hasta la bocana de Quisalá, pero la marea había subido y no podía regresar al hotel. La extranjera pidió ayuda a un hombre que estaba a unos 500 metros de la caseta de prevención de tsunamis. Karen llamó al hombre con señas, este no la entendía porque la estadounidense le hablaba en inglés.

El sujeto al que Karen amablemente le pidió ayuda, era Fernando Aburto Reyes, quien era conocido en el pueblo como Somozón, y fue quien se convirtió en su victimario.

Por este tronco de madera fue hallado el cuerpo de Colclough. Las aves de rapiña merodeaban el lugar. LAPRENSA/Archivo

Luchó por su vida

Somozón, de 35 años en ese entonces, llevó a la mujer hacia el estero, y la pasó por un árbol caído que es usado como puente por los lugareños. Pero el falso samaritano comenzó a forcejear con Karen porque quería llevarla hacia los árboles para robarle. La agarró del cuello y le hizo la llave conocida como el “popo”.

Colclough se desmayó, y Aburto la metió a los matorrales, pero cuando ella recuperó el conocimiento, tomó aire y quiso huir, ella le tiró un pedazo de árbol que le dio en la nuca a Somozón.

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Hasta allí llegó el relato de Aburto Reyes ante detectives, cuando hicieron la reconstrucción del crimen. La Policía llegó hasta él porque Somozón vendió la cámara de Karen a Pedro Vílchez en 700 córdobas. El artículo fue vendido el mismo día del crimen, a las 4:00 de la tarde.

En la casa de Somozón fueron halladas las otras pertenencias de Colclough, incluida la Biblia que le había regalado su hermano.

Asfixiada

“También me llamaron para identificar el cuerpo, una de las cosas más horribles que he visto en mi vida”, dijo en su testimonio Robert Kopp. Una oficial en juicio declaró que el cuerpo de Karen fue hallado con las piernas flexionadas hacia el pecho, su brazo izquierdo extendido, y el brazo y pierna derechos, estaban con un nudo del blúmer de la víctima.

La otra parte del blúmer la tenía amarrada en el cuello. Colclough fue estrangulada con la pieza de ropa interior. La falda que andaba la tenía hacia arriba, igual la camisa roja que vestía.

El cadáver, irónicamente, fue hallado por un hermano materno de Somozón, que ese día andaba “garrobeando” por el sector de la bocana de Quisalá.

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La Policía y pobladores ya habían pasado por la zona, pero el cuerpo estaba escondido detrás de un tronco de madera. Al hermano de Aburto, Elvin Serrano, le llamaron la atención los zopilotes en el lugar y fue cuando se encontró con la dantesca escena.

Karen Colclough tenía 37 años cuando fue asesinada. LAPRENSA/Tomada de Facebook

ADN incrimina a Somozón

La Fiscalía acusó a Fernando Aburto Reyes por la violación y asesinato de la estadounidense Karen Colclough. La defensora pública Nalía Úbeda —quien ahora es juez Tercero Local de Managua— adujo que no se podía probar la violación porque el cuerpo estaba en descomposición y no se había encontrado semen del acusado en la víctima.

Pero la Fiscalía sacó su as, y mediante exámenes físicos practicados a Aburto, a quien se le encontraron chollones y moretones en las manos, espalda baja y glúteo derecho, se demostró que había cometido un acto de violencia.

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La lucha de Karen no fue en vano, en sus uñas quedaron restos de piel del acusado, que confirmaron que la víctima trató de defenderse del ataque. El examen de ADN fue claro, la piel encontrada en las uñas de Colclough vinculaba en un 99.99999 por ciento a Somozón. El cadáver de Karen había hablado por ella.

Uno de los forenses que declaró en juicio dijo que se no pudo comprobar la violación por el estado de descomposición del cadáver, pero que por la posición en la que fue encontrada Colclough y el blúmer en cuello y pierna, indicaban abuso sexual.

Y así lo estableció la juez Henryette Casco, cuando declaró culpable a Somozón: “A nadie la van a desvestir, exponer sus mamas, y dejarla atada de esa manera, si no fue porque hubo un acto de violación”. La judicial lo condenó a 39 años y medio de prisión en julio de 2014. Aburto Reyes no apeló la pena. Tampoco hizo uso de su derecho a la última palabra.

Fernando Aburto Reyes, conocido como Somozón, fue condenado a 39 años y medio de prisión. Por Ley, solo cumplirá 30 años. LAPRENSA/Archivo

Ya había intentado violar

El asesino de Colclough ya había estado preso por un intento de violación ocurrido en febrero de 2002. La víctima era una mujer que tenía retardo mental.

La defensa de Somozón trató de desvirtuar la acusación diciendo que la declaración de la mujer era “incoherente y no tiene ninguna lógica”. La mujer tenía múltiples golpes en la cabeza y Aburto trató de estrangularla. “No penetró himen posiblemente por la lucha que ella opuso”, se lee en una sentencia del Tribunal de Apelaciones de Managua (TAM).

Cuando Karen estuvo desaparecida, amigos y familiares crearon una página de Facebook para ayudar a encontrarla. Después de su muerte, el nombre de la página fue cambiado a Live like Karen (Vive como Karen).

Colclough era una técnica en emergencias médicas y fue parte de la Patrulla Nacional de Esquí de los Estados Unidos. Su amiga de la niñez, Stephanie Smith, contó —vía electrónica— que Karen ayudaba a quien se lo pidiera. En los últimos años se había dedicado a trabajar con discapacitados, se encargaba de organizar tours para que disfrutaran de la naturaleza que ella tanto amaba.

Ahora la página es usada como un tributo a la vida de la estadounidense.

La entrada Grandes crímenes | El duro relato del asesinato de la misionera Karen Colclough en 2014 aparece primero en La Prensa.

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