En varios comunicados institucionales, el Ejército de Nicaragua se ha comprometido a una solución pacífica de la crisis política. Inmediatamente que estalló la crisis, en abril de 2018, señaló que “nos sumamos y respaldamos la decisión de búsqueda de una solución por la vía del diálogo para encontrar una respuesta consensuada al tema que originó estos momentos de dolor”. En otras ocasiones reiteró esa posición.

A su vez, al inaugurarse el nuevo año legislativo se anunciaron reformas a la Ley Electoral, con la expectativa que las mismas entren en vigencia para el proceso electoral que el gobierno insiste se realice en noviembre del próximo año. Finalmente, y esta es la tercera parte vinculada a este artículo, la oposición al régimen de Ortega ha insistido también en una solución pacífica de la crisis, y ha anunciado el proyecto de constitución de una gran Coalición Nacional, integrada originalmente por la Alianza Cívica y la UNAB, pero abierta a otros sectores.

Todos esos elementos apuntan al año 2021, se adelanten o no las elecciones. Y, precisamente, la relativa contención de las consecuencias económicas negativas de la crisis, no es por solución a las causas de la misma, sino por la expectativa optimista que el próximo año se comience a ver una solución a la misma. Las consecuencias económicas de la crisis, ya de por sí severas, no distinguen entre personas y empresas, apoyen o no al gobierno. De no existir esa expectativa de solución a la crisis, las consecuencias económicas negativas de la misma serían bastantes mayores. Y si no, que lo digan los empresarios de todo tamaño que se han visto obligados a cerrar, y los nuevos desempleados.

Hace tres días se conmemoró la tragedia que enlutó a Nicaragua, el 22 de enero 1967, en víspera de otras “elecciones”, así, entrecomillas. Actualmente, casi el 90 por ciento de la población de Nicaragua ese año no había nacido, pero déjenme decirles, las circunstancias eran relativamente semejantes. El tema crucial en 1967 es que la tragedia no se aprovechó para una solución de las causas de la crisis, y poco más de una década después se derivó a otra crisis mayor, con insurrección armada, revolución, desaparición del Ejército y guerra civil, que nos hicieron retroceder varias décadas en términos económicos y sociales.

La actual conjunción de la solución pacífica que busca el Ejército como institución, iniciativa en la Asamblea Nacional de reformas electorales, y disposición electoral de la oposición, pueden conducir a que efectivamente en 2021 se alcance el comienzo de una solución pacífica a la crisis política, si es que efectivamente esa conjunción conduce a elecciones creíblemente democráticas.

El autor es economista. Fue candidato a la presidencia de Nicaragua.

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