Este sábado se cumplieron las 48 horas que el presidente designado por el poder electoral, Daniel Ortega, pidió a los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua para responder si acoge la ruta para democratizar el país. No respondió. Tampoco frenó la ola de violencia.

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El pasado jueves, Ortega pidió a los obispos dos días para reflexionar sobre la propuesta de un conjunto de decisiones para buscarle una salida por la vía cívica constitucional a la profunda crisis de violencia que azota al país.

La propuesta consistía en anticipar elecciones presidenciales, cambios en el sistema electoral y recomposición de las instituciones. El caudillo debía responder por escrito si estaba dispuesto a aceptarlo o no. Hasta este sábado a la medianoche, no había respondido.

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Fuentes episcopales confirmaron que no hay respuesta oficial, ni solicitud de tiempo ni nada. Silencio total.“Si Ortega realmente desea un cambio para este país, debe aceptar la propuesta que los obispos le hemos llevado; de él depende la democratización de Nicaragua y en sus manos tiene ese plan de democratización”, dijo un obispo.

Mientras Ortega guardaba silencio, la ciudad de Jinotega fue escenario de una violenta represión durante dos días consecutivos por parte de paramilitares y policías, que dejó a decenas de personas heridas y al menos una persona asesinada.

Por la mañana pobladores quemaron una camioneta en el sector del barrio Sandino porque presuntamente estaba trasladando a los armados que han atacado la ciudad. Acto seguido, los paramilitares y policías volvieron a disparar contra los civiles.

Los pobladores reportaron explosiones potentes, ráfagas de disparos y tiros de pistolas.

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La campanas de la iglesia de Jinotega sonaron toda la mañana y la gente salió para apoyar, mientras se reportaron nuevos ataques de grupos paramilitares en las barricadas ubicadas en los barrios Carlos Rizo, Villa Valencia y barrio Sandino. Las calles se llenaron de humo, disparos, gritos y heridos.

Representantes de la Comisión de los Derechos Humanos y Diócesis de Jinotega se presentaron al Hospital Victoria Motta para exigir conocer el estado de los heridos. Ante las reiteradas negativas por parte de trabajadores del hospital, un grupo de mujeres decidió abrir por la fuerza el portón de entrada del centro, inmediatamente exigieron que en caso de no estar siendo atendidos, los heridos fueran trasladados a otros puestos de salud y sin amenazas de detención.

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Pablo Zelaya, José Mauricio Hernández, Aarón Arauz, Luis Enrique García, Martín Valle, entre otros, son parte de los más de cincuenta heridos que fueron reportados y sacados del hospital. Valle fue el último que trasladaron hacia un puesto de salud para ser atendido.

La Comisión de Derechos Humanos junto con el sacerdote Arsenio Medina y el diácono Juan Carlos Rivera verificaron que los heridos estaban siendo atendidos por el personal del hospital.

Monseñor Enrique Herrera salió en dos ocasiones para tratar de frenar el ataque armado contra los civiles y se encontró con la muerte de Abraham Castro, un adolescente autoconvocado al que mataron a balazos.

De igual modo, este sábado por la mañana, otra vez sonaron los disparos y corrió la sangre en Masaya.

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Cristian Salvador Gutiérrez Arteaga, de 60 años, se convirtió en la víctima número 12 de la represión orteguista en esta ciudad.

Una bala en el pecho acabó con la vida del habitante del asentamiento Oscar Pérez, perteneciente al barrio Monimbó, durante los violentos enfrentamientos que iniciaron cerca del mediodía en las cercanías del Parque Central y la zona del Mercado de Artesanías, cuando la Policía intentó salir a retirar las barricadas e incendiar algunos negocios para crear una nube de humo.

Los pobladores dispararon morteros mientras que los policías usaban armas de fuego contra la gente que se encontraba en las barricadas alrededor del cuartel. Durante la refriega se conoció de al menos 12 heridos.

Los enfrentamientos siguieron hasta caer la noche, dejando la ciudad en tensión, mientras los morterazos y las balas seguían sonando.

En las últimas horas las explosiones y disparos no han cesado en la zona centro de la ciudad. Las campanas de la iglesia San Sebastián, San Miguel y San Jerónimo sonaron en señal de alerta.

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